El guionista

 

La distinción entre pasado, presente y futuro,

es solo una ilusión obstinadamente persistente.

Albert Einstein

 

Esther desciende del taxi que la deja al frente de una antigua casa de apariencia abandonada en un barrio urbano marginal de la ciudad de Córdoba. Es una señorita muy joven, delgada, estatura media, tez blanca y cabellos rubios. Temerosa, mira a todos lados antes de acercarse a la puerta de entrada que, en lugar de timbre, presenta un llamador de bronce con forma de mano. Con él da tres golpes y espera. En su mano izquierda tiene un maletín de color negro y una página con los avisos clasificados de “La Voz del Interior”. Después de unos minutos se abre la puerta y un señor bastante mayor de aspecto bondadoso pero de mirada triste atiende:

— ¿Si?

—Vengo por el aviso del diario donde solicitan una persona tipiadora.

—Pasa por favor.

—Gracias.

Entran a una sala de recepción no muy espaciosa amoblada con un juego de sofás, cuyo tapizado se nota bastante envejecido, donde se sientan para hablar del trabajo. Al centro una mesita ratonera en la cual hay un teléfono pasado de moda, de esos con el dial rotatorio. Como decorado principal en una de las paredes se destaca un reloj de péndulo y en las demás cuelgan cuadros enmarcados con algunos dibujos originales a lápiz y otros a tinta china o a color, firmados por grandes artistas de otra época.

— ¿Cómo te llamas?

—Esther.

—Mucho gusto Esther, yo soy Héctor. Como verás, esta casa parece de otro siglo. Se la alquilé a un fanático de los cómics y está muy bien ambientada para lo que estoy escribiendo. Se trata de un guion para historietas que estoy elaborando en forma manuscrita y que hay que tipiar a máquina para revisar y/o corregir. El único requisito es que no comentes con nadie sobre este trabajo. ¿Te interesa?

—Sí señor, puede confiar en mí. Me gustaría empezar ahora y necesitaría un adelanto de sueldo si fuera posible y también los gastos de transporte porque vivo un poco lejos.

—Bueno, no hay problema. Te mostraré el lugar donde podrás trabajar cómodamente.

Mientras se dirigen al estudio, ambos acuerdan los honorarios a cobrar. Luego entran a la oficina donde hay una biblioteca con gran cantidad de libros y revistas de historietas de la época de los grandes guionistas y dibujantes, un escritorio de madera y sobre él una vieja máquina de escribir “Remington” muy desgastada por el uso.

— ¿Sabes usarla? —pregunta señalándola.  

Ella esboza una sonrisa y responde:

—Con todo respeto señor. Ya no se usan esas antigüedades. Aquí tengo una notebook que es moderna y muy práctica para lo que usted necesita.

—Que bien, pero necesito verlas impresas en papel para controlar y/o corregir. ¿Puedes hacerlo?

—Sí señor. Traeré mi impresora y cada día le daré las copias impresas en papel.

—Muy bien, ya tengo varias páginas escritas y diariamente habrá más En esta carpeta están los manuscritos. También puedes usar la cocina para hacer un café o algo para comer en los momentos de descanso. No voy a interrumpir tu tarea pero si necesitas consultar algo toca este timbre y vendré inmediatamente.

Una vez sola, abre la carpeta que tiene muchas hojas tamaño A4 prolijamente ordenadas y enumeradas y se pone a trabajar con gran entusiasmo, es su primer empleo y quiere dar una buena impresión. Estima que el señor Héctor es muy generoso y además el trabajo es fácil.

Todos los días llega a su compromiso donde cumple un horario de 9 a 13 horas. Héctor le dio una llave para que abra y entre directamente a la casa. Después de tipiar imprime y entrega a Héctor la tarea del día, a veces dialogan sobre distintos temas, finalmente sale, cierra y toma el taxi de regreso. En una oportunidad, después de entregar la tarea del día, él le pregunta si además de trabajar piensa estudiar alguna carrera para su crecimiento personal ya que la considera muy inteligente y con ganas de prosperar. Ella le cuenta que le gustaría estudiar una carrera relacionada con la informática. Pero hoy cuando hace un alto para ir a la cocina a tomar un café se encuentra con su jefe y ambos conversan sobre el guion que está escribiendo cuyo título es: “El viajero del tiempo”.

— ¿Crees que es posible viajar en el tiempo hacia el pasado o hacia el futuro, o sólo es ficción?

—La verdad no lo sé señor. Mi papá gustaba leer revistas y ver películas sobre ese tema. Una historieta que lo apasionaba era “El Eternauta”.

—Justamente mi historia está basada en ese argumento. Además creo que así como muchas cosas que se creían imposibles en el pasado hoy son una realidad, también los viajes a través del tiempo en algún momento pueden se posibles. O quizás ya lo son.

De nuevo en la oficina, continúa su tarea pero mentalmente sigue pensando sobre la conversación sostenida con Don Héctor.

Después de dos semanas él le comunica que su tarea ha concluido. Al final de la obra debe colocar HGO y todo el material lo debe mandar por Internet a la Editorial “El Cómic” quien se encarga de ilustrar y editar el libro en formato digital y físico.

—Por curiosidad, ¿qué significa HGO? —pregunta ella.

—Héctor Gabriel Ortiz.

—Ah, pensaba en otro nombre conocido con las mismas iniciales HGO que mi padre mencionaba siempre.

—En realidad es un nombre ficticio. Quizás más tarde te diga el verdadero.

Posteriormente termina de cumplir todo lo que le solicitó, guarda sus cosas y se despide de su patrón agradeciéndole la oportunidad laboral que le dio. En seguida sale y se marcha muy satisfecha por haber concluido con éxito su trabajo.

Pasaron varios años de esa experiencia, Esther fue contratada como redactora en la misma editorial pero siempre recuerda a Héctor como una persona noble, educada y muy bondadosa que la trató con respeto y consideración. Pero también piensa sobre la trama de la historia que escribió y un día decide pasar por su casa para saludarlo, contarle sobre su ocupación actual y que a su padre le encantó “Viajero del tiempo”.

Al llegar a la casona toca tres veces el aldabón de bronce y al abrirse la puerta aparece un señor bastante más joven que la vez anterior.

— ¿Sí?

—Buenas tardes. ¿Está Don Héctor?

—Con él habla. ¿Qué desea?

—Pero… —sorprendida y confusa no sabe que responder.

—Ah, ya sé, viene por el aviso.

—En realidad yo…

—Ni una palabra más. Pase a la sala y hablaremos del trabajo.

La sala está decorada igual que la vez anterior. Se sientan en el viejo sofá, Esther no sale de su estupor. Este señor Héctor se parece demasiado al anterior aunque mucho más joven.

—“¿Será el hijo?”—piensa.

—Bueno, se trata de pasar los textos manuscritos a máquina. Le pagaré lo que acordemos siempre que lo haga en el menor tiempo posible. —dicho esto y sin darle ocasión a reaccionar, la conduce a la oficina donde tiene las carpetas con las hojas escritas a mano. En el escritorio está la misma Remington ya conocida.

—No voy a interrumpir su tarea pero si necesita consultar algo toque este timbre y vendré inmediatamente. —Y sin esperar respuesta sale de la habitación.

Esther no sabe que pensar. Ha quedado muy confundida. ¿Cómo puede ser que primero trabajó para una persona mayor y tiempo después aparece la misma persona pero considerablemente más joven?

Entonces recuerda la última conversación con don Héctor cuando preguntó: ¿Crees que es posible viajar en el tiempo hacia el pasado o hacia el futuro, o sólo es ficción?

Totalmente consternada escapa a toda velocidad del lugar y regresa a su casa donde el padre advierte su cara de preocupación:

— ¿Te ocurrió algo en el trabajo?

—No papá. Resulta que fui a saludar a don Héctor y…

Todavía shockeada relata detalladamente todo lo acontecido sin entender lo que ocurrió.

—Bueno hija. Todo tiene explicación. Al menos eso creo. Al parecer todo tiene que ver con la historieta El Eternauta II donde el mismo creador junto a Juan Salvo protagonizan la aventura. Es decir pueden trasladarse en el tiempo y lo que antes era ficción parece ser que ahora es realidad.

En primer lugar veamos quien fue Héctor Germán Oesterheld cuyas iniciales son HGO, famoso guionista argentino autor de numerosas obras de ciencia ficción a quien yo  admiraba mucho y es considerado como uno de los “padres” de la historieta argentina moderna. Sus series más conocidas son: Sargento Kirk, Bull Rocket, Ernest Pike, Ticonderoga, Randall the KillerSherlock Time y sobre todo El Eternauta su obra maestra. Sus guiones fueron ilustrados por famosos dibujantes como Solano López, Alberto Breccia, Hugo Pratt y Arturo del Castillo.

Durante la dictadura militar iniciada en 1976 en la Argentina, el autor se unió, junto con sus hijas, a la agrupación guerrillera Montoneros, de la que fue jefe de prensa. En 1977 fue secuestrado y desaparecido por el terrorismo de Estado y un año después asesinado.

— ¿Y cómo puede aparecer ahora si ya murió hace mucho? —pregunta ella.

—Si ellos encontraron el portal del tiempo es posible que Héctor haya viajado al futuro (nuestro presente) antes de que fuera secuestrado o quizás, según otras hipótesis, existe una dimensión paralela, es decir, una especie de Universo paralelo fantástico, totalmente desligado del Universo en el que vivimos.

Desde aquella experiencia la vida de Esther se desarrolla con alguna normalidad aunque hubo algunos cambios. En la editorial donde trabaja hay una onda de buena amistad y compañerismo con los demás empleados y allí conoce a Adrián un joven dibujante con el cual inicia una relación amorosa. Después que fallece Eduardo, su padre, se muda a un departamento donde convive con su pareja.

En una de las tantas crisis económicas sufridas en el país, hubo muchas empresas que tuvieron que cerrar y entre ellas “El cómic” por supuesto afectando al personal. Esther siguiendo el consejo de Héctor había estudiado “Programación y Análisis” y ahora trabaja a distancia desde su casa para una empresa de hardware y software. En cambio Adrián realiza ilustraciones y cómics para la editorial española Norma Cómics.

Muchas veces Esther despierta de noche con una sensación de angustia debido a sueños sobre lo que vivió en la casa de Héctor la última vez que pasó a saludarlo y que se repiten una y otra vez. Hasta que resuelve contarle a Adrián lo que le pasa.

 —Tengo que volver aunque mi padre me advirtió que era peligroso.

—Bueno mi amor, si quieres yo te acompaño y así completas algo que seguramente quedó inconcluso.

—Gracias, agradezco mucho tu apoyo así que vamos a ir mañana. Aún tengo la llave que me dio el guionista.

—Ok. Mañana vamos.

Al otro día a media mañana suben a la moto y parten rumbo a la casa. Abren la puerta y entran cautelosamente. Al llegar a la sala se sorprenden al ver nada menos que a Héctor que los recibe con una amplia sonrisa.

—Hola Esther, pasen, los estaba esperando.

—Hola Don Héctor. Disculpe la intromisión. Creíamos que no había nadie.

—No hay problema. Que suerte que vinieron. Hoy es mi último día en este lugar. Les voy a informar algo que va a suceder pronto. Al entrar a esta casa se trasladaron al año 1977 que es mi presente y que para ustedes sería el pasado. —Mientras habla les indica con la mano que se acerquen a la ventana que da a la calle.

— ¿Ven ese Falcon verde?

—Sí señor.

—Bueno, en seguida cuando salga, seré secuestrado y llevado a un centro clandestino de detención. Ustedes no hagan nada. Solamente esperen que el reloj comience a dar las primeras campanadas salgan inmediatamente y aléjense rápidamente. Si se quedan adentro quedarán atrapados en el tiempo.

Todavía sorprendidos por lo que acaban de escuchar y sin entender del todo, ven como Héctor al salir es tomado por dos soldados que lo introducen en el auto y desaparecen velozmente. En ese momento el reloj comienza a sonar por lo que salen, suben a la moto huyendo rápidamente mientras ella al mirar hacia atrás ve horrorizada como la enorme estructura de la casa se desmorona como en cámara lenta y después desaparece.

Pasaron varios años y ambos viven sin mayores problemas, trabajando y con algunas salidas con amigos para divertirse tratando de olvidar o bloquear el recuerdo del último suceso que por poco no fue una tragedia.  A veces, ella sale a caminar por las tardes para descansar de la rutina diaria.

Un día caminando por la calle Belgrano encuentra una librería y decide entrar para ver si encontraba algún libro interesante. Ve un estante con varios libros y revistas de cómics y allí, como un imán que atrajo a sus ojos, estaba “El viajero del tiempo”. De pronto todo lo que había tratado de olvidar apareció con más fuerza en su mente y quedó como paralizada.

Al lado había un señor mayor muy interesado en el mismo libro quien le pregunta.

— ¿Te gustan los cómics?

— ¡Oh, no señor! Mi padre era muy fanático.

—Parece que éste te atrae. ¿Por algún motivo en particular?

—Sí señor. Resulta que yo trabajé para el guionista que lo escribía en forma manuscrita,  yo tipiaba los textos en la notebook y seguidamente los imprimía para que él lo revisara.

— ¿Te gustaría compartir esa historia?

—En realidad estuve tratando de olvidar porque tengo muy malos recuerdos de esa experiencia.

—Yo creo que necesitas contarla en lugar de olvidar para aliviar tu alma de aquello que te conmocionó tanto.

—Lo voy a pensar y consultar con mi novio que también fue protagonista.

—Bien, mi nombre es Carlos, soy editor y creo que tu historia es muy interesante para publicarla en un libro. Esta es mi tarjeta con el número de teléfono para que me llames si decides contarme tu historia.

A la noche mientras cenan ella le cuenta a su pareja sobre el encuentro que tuvo con el editor y si le parecía  conveniente contar la historia vivida. Él está de acuerdo y combinan fecha y hora con el editor para hablar sobre la obra.

Cuando llegan a la editorial son recibidos por el titular.

—Buen día Don Carlos, le presento a Adrián mi novio.

—Mucho gusto Adrián. Me alegro que hayan decidido venir y estoy seguro que vamos a publicar un fantástico libro de ciencia ficción.

— ¿Cuándo podemos empezar?

—Si están dispuestos, podemos comenzar ahora. Voy a grabar todo para luego pasarlo a texto, darle forma y si hace falta agregar o corregir algo lo vamos viendo en distintas jornadas hasta que tengamos el resultado final.

— ¿Comienzo ahora?

 —Sí, por favor.

 —Bueno. Esta es la historia:

  “Todo comenzó cuando buscaba trabajo en los clasificados de La Voz. El aviso decía:

 

Se  busca tipiador/a con o sin experiencia.

Presentarse en calle Juan Salvo número 5234

De lunes a viernes de 9 am. a 18  pm.

 

Tomé un taxi, le di la dirección y cuando vi el lugar y la casa, sentí mucho temor pero como necesitaba trabajar hice de tripas corazón, pagué el viaje con los últimos pesitos, descendí y me acerqué mirando a todos lados rogando a Dios que me proteja de cualquier peligro.

Di tres golpes con el aldabón de bronce y…”


Carlos Alberto Nieva

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